La trata de personas  como se conoce hoy en día, tiene sus antecedentes en fenómenos como la trata de esclavos negros, la trata de indígenas,  o el tráfico internacional de mujeres, delitos que no concluyeron con los procesos de  independencia, la abolición de la esclavitud en el siglo XIX, ni con las prohibiciones sobre el tráfico internacional de mujeres a inicios y mediados del siglo XX.  Sino que se transformaron, permeando estructuras sociales,  ajustándose a los sistemas económicos, a la tecnología, la industria y las comunicaciones,  insertándose en el marco de la globalización y el libre comercio y dando lugar a lo que hoy se conoce como trata de personas, que incluye diversos fines entre ellos la explotación laboral, la explotación sexual, la esclavitud y la extracción de órganos.

 Qué es?

La Fundación ESPERANZA define la Trata de Personas como una forma de vulneración de los derechos humanos en la que se degrada al ser humano a la condición de un objeto, que se negocia en cadenas mercantiles, se traslada dentro o fuera de un país y luego, en el destino final, es sometido a condiciones de explotación u otros fines ilícitos.

Es un delito  dinámico y complejo que atenta contra  la dignidad y la libertad de las personas,  relacionado con  la violencia basada en género, la violencia económica,  la violencia contra las niñas, los niños y los adolescentes,  la discriminación, la delincuencia organizada transnacional y los flujos migratorios.

A nivel internacional la disposición más importante sobre trata de personas es la Convención de las Naciones Unidas Contra la Delincuencia Organizada Transnacional y su Protocolo Para Prevenir, Reprimir y Sancionar La Trata de Personas Especialmente Mujeres y Niños, conocido como Protocolo de Palermo y que en su artículo tres define:

 Art. 3. Por “trata de personas” se entenderá la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación. Esa explotación incluirá, como mínimo, la explotación de la prostitución ajena u otras formas de explotación sexual, los trabajos o servicios forzados, la esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud, la servidumbre o la extracción de órganos;

  1. b) El consentimiento dado por la víctima de la trata de personas a toda forma de explotación intencional descrita en el apartado a) del presente artículo no se tendrá en cuenta cuando se haya recurrido a cualquiera de los medios enunciados en dicho apartado;
  2. c) La captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de un niño con fines de explotación se considerará “trata de personas” incluso cuando no se recurra a ninguno de los medios enunciados en el apartado a) del presente artículo;
  3. d) Por “niño” se entenderá toda persona menor de 18 años

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